telefono

Llegado el verano y las vacaciones, llega también el ajetreo de las maletas, la playa, los planes, los niños,… pero también la necesidad de estar bien con una misma, de tener nuestro rincón de tranquilidad, nuestro momento de sosiego. Las largas tardes de verano tienen la ventaja de conceder un momento de parada, de recuperar fuerzas, quizá sea el momento de ponerse el CEFALY, cogemos del bolso nuestro pequeño estuche y nos vamos a una zona apartada del hotel, o de la casa, bajamos un poco las persianas y nos abandonamos al cosquilleo que nos produce nuestro pequeño aparato, lo encendemos y pulsamos de nuevo en aquel momento en el que la intensidad sea razonablemente soportable. Silencio, nos queda esperar a que transcurran nuestros veinte minutos de tratamiento, finalizado éste, el equipo se parará, poco a poco nos iremos despertando y habremos conseguido la mejor de las siestas; veintisiete minutos, la duración perfecta, lo dice la NASA.

Estamos recargadas de energía para el resto del día, a disfrutar